La construcción de un centro de datos en la región española de Aragón ha suscitado opiniones encontradas entre la población local y las autoridades regionales.

La construcción de un centro de datos en la región española de Aragón ha suscitado opiniones encontradas entre la población local y las autoridades regionales.

Foto: Angel Garcia/Bloomberg

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Así cambian los pueblos cuando llegan miles de millones en centros de datos

Las grandes tecnológicas dicen que el despliegue de la inteligencia artificial en Aragón está teniendo tanto éxito que debería servir de modelo para otras regiones de la Unión Europea. Para los vecinos, la realidad es más compleja.

Cuando la familia de Paz Orge Acebillo recibió una carta en nombre de Amazon Web Services proponiendo un “acuerdo amistoso privado” para comprar el terreno que poseían desde hacía casi medio siglo, pensó que era una estafa. La carta hacía referencia a un proyecto de centro de datos “de interés general” respaldado por el gobierno de Aragón. Prometía a su padre una compensación “superior” y cerraba con una petición urgente: la familia tenía cuatro días para manifestar su interés.

“Mi madre me llamó asustada”, dice Acebillo, cuya familia lleva años utilizando su pequeña parcela en Aragón, en el norte de España, para cultivar verduras y reunirse en cumpleaños, comuniones y noches de verano.

“Al día siguiente, fue al ayuntamiento y le enseñó la carta a una funcionaria, que le dijo que debía de ser un error,” comenta Acebillo. “Hablases con quien hablases en el ayuntamiento, nadie sabía nada”.

Acebillo es una de las miles de personas cuyas vidas se han visto trastocadas por la carrera global por construir la infraestructura que sustenta la inteligencia artificial. La competición por la IA ha impulsado un gasto sin precedentes por parte de las tecnológicas, apuestas arriesgadas en Wall Street y complejas estructuras de deuda. La rapidez con la que las empresas construyan, conecten y pongan en marcha centros de datos será clave para determinar quién se impone.